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Cascomus 6, 7 y 8 de marzo del 2011
Primer salida a Chascomús. Fin de semana largo de carnaval, marzo de 2011.
El primer fin de semana largo de marzo llegó. Y la propuesta mía de aprovechar todas las oportunidades para hacer con Luis pequeños viajecitos en bici a lo largo del año no se hizo esperar. Recibimos una propuesta de unos amigos del grupo La Loma, Marian y Diego, para ir a Chascomús. Estaba muy contenta y ansiosa, sería la primera ocasión en que tendría que pedalear más de cien km con carga y por caminos rurales. Además no conocía Chascomús.
Salimos desde la casa de Luis camino a un recurrente punto de encuentro, 501 y 25. Dado que nos habíamos levantado tarde nos apuramos para llegar a horario, pero por suerte llegamos unos minutos temprano y todavía los chicos no estaban. La mañana estaba soleada, a cielo despejado y fresca, ¡otro día perfecto para pedalear! Al poquito tiempo arribaron al sitio Marian y Diego. Marian venía en su flamante bici nueva en color negro, una Canondale. Y sobre su equipaje traía un simpático cocodrilo de peluche con pilotito para la lluvia. Ella me contó que siempre lleva a su mascota en los viajes largos. Como diría Marian “que cosa linda”. Después de un lindo ratito de pedaleo nos encontramos con Rubén, que venía pedaleando desde Quilmes. Él vive allá, pero le gustan el grupo La Loma y las salidas que hace, así que se suele venir desde Quilmes cuando hay alguna pedaleada, por eso ahora nos encontrábamos con él para continuar hasta nuestro destino.
Finalizada la mañana impregnada de pedaleo paramos a almorzar en Japener. Luis y yo, llegamos un poco desinflados. El camino tenía bastante tierra suelta en muchos tramos y no le aflojábamos al ritmo, por lo que luego de varias horitas en movimiento nos vino bien esa pausa y un buen y nutritivo almuerzo. Más hacia la tarde, cerca de las 16 o 17 horas entramos a un tramo de asfalto y nos detuvimos a descansar frente a las viejas instalaciones de Gándara a descansar y comer unas manzanas. A los pocos minutos un perro salió a ladrarnos y luego, para nuestra sorpresa, un señor nos dijo que no podíamos sentarnos en la puerta de la fábrica. Dado que la misma se encuentra cerrada hace varios años y que nos hallábamos sentados en la vereda, en espacio público, no le dimos demasiada importancia a este y nos quedamos allí como si nada. Marian, Rubén y Diego venían en general más adelantados que nosotros y sacándonos distancia. Ya llevábamos varias horas de pedaleo y dado que la distancia era importante y hacia rato que no salíamos a rodar, Luis y yo, estábamos un poco cansados y a mí me dolía la pierna izquierda cuando empujaba, por lo que unos 7 km antes de llegar al asfalto de la RP20, quedamos rezagados y nos separamos de los chicos. Nos comunicamos con ellos para avisarles que estábamos más atrás y que habíamos parado a descansar un poco, a lo que respondieron que no había ningún problema, pero que llegáramos, que fuese la hora a la que fuese, ellos nos estaban esperando. Así que compartí con Luis una riquísima merienda y una reconfortante siesta tirados en el campo con un atardecer maravilloso.
Entramos a la laguna cuando todavía no había caído el sol. Yo me quedé extasiada en cuento la vi. ¡Me deleité disfrutando la compañía y el paisaje, tanto que se me olvidó el dolor de la pierna y el cansancio! ¡Vale la pena pedalear tantos kilómetros cuando la naturaleza es reconfortante y se está tan bien acompañada! Mientras bordeábamos la costa, pasó una camioneta y un hombre que iba arriba nos preguntó de donde éramos y nos invitó a su parrilla. Unos kilómetros más adelante nos encontramos con ella y paramos a saludar. Nos convidaron con agua fresca y agradecimos la invitación, ya que nuestros compañeros estaban esperándonos en el camping 8 km más adelante. Arribamos al camping del ACA cuando ya era de noche. Los chicos nos esperaban y nos habían reservado una parcela. Con Luis montamos campamento rápidamente, nos dimos un reconfortante baño y nos acercamos a los chicos a compartir con una charla los preparativos de nuestras cenas. ¡Unos menús espectaculares, los chicos guiso de arroz con lechón y nosotros guiso de fideos con verduritas y soja! Compartimos después un sabroso capuchino en las increíbles tacitas de Marian, que incluían su bolsita y su mantelito a cuadritos rojos y blancos.
Marian me dio un analgésico o un desinflamatorio, algo así, para el dolor de la pierna, dormí bárbaro y a la mañana siguiente no me dolía nada. En el desayuno nos reímos comparando nuestra ingesta. Diego, Marian y Rubén, tomaron mate con unas galletitas y unas frutas secas, y nosotros avena con cereal, leche, azúcar, galletitas y fruta! Luego de desarmar campamento y reabastecernos iniciamos el regreso, no sin antes sacarnos una foto en el destartalado muelle de pescadores. En los primeros instantes de pedaleo volvimos a separarnos de los chicos y ya ellos continuaron viaje a casa y nosotros a nuestro ritmo nos quedamos un día más pedaleando. Armamos campamento en el km 88 de la ruta 2, en una amplia y bonita zona de picnic, acolchonada de un mullidito pasto y rodeada de unos hermosos eucaliptos, lugar recomendable para acampar de paso.
Al día siguiente continuamos un plácido retorno, ya que la vuelta la estábamos haciendo por asfalto.
A la hora de almorzar, no teníamos mucho, habíamos calculado comida para un día menos y en los kilómetros restantes no había ningún puesto para comprar algo. Estos están situados pensando en la rapidez de los vehículos motorizados. Cuando llegamos al partido de La Plata, en el primer lugar que encontramos compramos una trenza dulce[1], y como si hubiéramos estado en ayuno, la devoramos como la cosa más rica del mundo. ¡Y ciertamente, estaba buenísima! Faltaba algo de una horita para llegar a mi casa y cruzando la rotonda de 44 y RP36 se largó a llover. Encaré mal un desnivel del asfalto y como la cubierta y el suelo estaban mojados patiné y me caí. Por suerte accioné rápido e inmediatamente me paré y saqué la bici del camino. No me hice nada. Sólo me pegué un sustito. Caí muy bien y la mayor parte del golpe fue amortiguado por una alforja y por el manubrio que quedó paralelo al cuadro. Al largarse a llover más fuerte nos refugiamos un ratito bajo el techo de una estación de servicios. Luego continuamos viaje hasta mi casa llegando muy contentos y por supuesto algo hambrientos. Fue un hermoso viajecito de unos 120 km de ida y otros 80 de vuelta con los que comprobé que ya puedo sentirme eficiente para alcanzar distancias más largas.
Antonella [1] Masa dulce, en forma de trenza que lleva encima crema pastelera y dulce de membrillo, y suele ir bañada en almíbar. Más Fotografías:
Nos impresionó el contraste que tenían los colores del día!
Como siempre la flora del camino es muy bonita de apreciar.
Los atardeceres nunca faltan. Vivir ese momento es súper placentero.
La delicadeza de la abejita consiguiendo su néctar.
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